Las fotos históricas de Mendoza que develan nuestro pasado hídrico

Desde la impermeabilización del canal Cacique Guaymallén a una inundación en plena ciudad de San Rafael, desde los “pie de gallo” para contención del agua, a tomas aéreas impactantes de ríos y glaciares. La fotografía como testimonio de un pasado que armó nuestro presente y una convocatoria a los mendocinos para aportar material que complementen los recuerdos de nuestra identidad.

Por Marina Correa

“Hay una cosa que la fotografía debe contener, la humanidad del momento” dijo el fotógrafo suizo Robert Frank (1924-2019), y en esa frase resumió gran parte del sentir del observador de una fotografía, especialmente cuando la misma nos lleva a un instante en el tiempo que no es contemporáneo a nosotros y que por tanto, el acercamiento a esa “humanidad” solo es posible a tan corta distancia del ojo, por la fotografía misma. En Mendoza, distintos organismos, entre ellos el Departamento General de Irrigación, atesoran imágenes que permiten la reconstrucción de paisaje cultural mendocino de distintas épocas, aportando información y mostrando como el recurso hídrico es parte de nuestro ADN colectivo. En esta nota mostraremos tan solo una arbitraria selección de fotos, que no siguen una línea temporal, sino que buscan transmitir el mismo entusiasmo con el que se las eligió, para que cada observador de las mismas, pueda hacer un viaje imaginario a ese lugar, a ese tiempo, y sentir como la humanidad ha convivido con el agua y sus formas y ha intentado administrarla para el desarrollo.

1955, el río Diamante inunda las calles de San Rafael. Autor: Eliseo Miri Reportero Gráfico del diario El Comercio.

“Mendoza tenía allá por fines del siglo XIX decenas y en el XX cientos de fotógrafos amateur, con muchísimo conocimiento de fotografía, dentro de sus casas tenían pequeños laboratorios de revelado, era como la piecita ahora de las herramientas, en su gran mayoría eran personas que aprendían con libros y manuales específicos, hasta había cursos por correo. También eran muy comunes los fotoclubes, que eran espacios para la formación inicial y semiprofesional, después tenías a los profesionales formados en el exterior, llegaban de Francia, Italia, España, Alemania, Estados Unidos. Entre ellos estuvo el italiano llegado en 1930 desde Estados Unidos, Atilio Ronchietto, que no solo se dedicaba a la fotografía y óptica, él fundó el primer estudio cinematográfico de la provincia, y es el autor de las imágenes fílmicas del primer carrusel vendimial”, dice Sergio Sánchez, Director del Museo Interactivo Audiovisual del Distrito 33.

A nivel nacional, en Argentina fue determinante la técnica que introduce en el país el fotógrafo portugués Christiano Junior, quien llega desde Brasil (donde había emigrado en 1867) y trae la técnica llamada “colodión húmedo”, utilizada a nivel mundial aproximadamente desde 1851 al 1885. Si bien la autoría de este procedimiento no es muy clara, se cree que Gustave Le Gray  (fotógrafo y pintor francés 1820-1884) propone su uso como soporte y fue uno de los precursores, seguidos de Frederick Scott Archer (fotógrafo inglés, 1813-1857). Archer usó el colodión para hacer negativos, y desde 1852 trabajó intensamente con el solo propósito de demostrar, que esta técnica sería el futuro de la fotografía. “El colodión implicaba preparar la placa en el laboratorio, la sacabas corriendo a la cámara, hacías la foto y volvías corriendo al laboratorio a revelar porque si se secaba, se perdía la imagen, el fotógrafo itinerante tenía que llevar ese laboratorio a cuestas, de hecho en varias fotografías de la época, se ven las huellas en la nieve de cuando quien captó el momento regresó rápido a su carpa, donde seguramente habrá montado su laboratorio. Esa persona llevaba kilos de peso, si la foto era en la montaña, para lograr esa imagen. Y a continuación ya sí aparece la placa seca (1871), el negativo en blanco y negro que conocemos actualmente, entonces ya solo llevabas la cámara y las placas se empiezan a achicar y comienza el proceso de miniaturización. Llega la ampliadora fotográfica donde pones el negativo y haces una copia por ampliación mucho más grande, como un proyector. La mayoría de las fotos que he observado de esta selección que han hecho, están sacadas con placas de 9 por 12 centímetros y se copiaban por contacto. Se ponía un papel fotográfico, el negativo encima y se les daba luz. Entonces quedaba a tamaño real. Esto se dio especialmente en las dos últimas décadas del siglo XIX”, comenta Andrés Bonafede.

Joyas preciadas y desaparecidas

La única foto que la Argentina tiene del General José de San Martín, es una foto en daguerrotipo. Esa foto de un San Martín ya canoso y lejos de sus días librando batallas, ha sido inspiración para incluso ahora con Inteligencia Artificial, reconstruir la fisonomía desde niño del General.  El daguerrotipo fue el primer procedimiento fotográfico anunciado y difundido oficialmente en el año 1839, fue desarrollado y perfeccionado por Louis Daguerre (pintor francés y precursor de la fotografía 1787-1851), a partir de las experiencias previas inéditas de Joseph Nicéphore Niépce (físico e inventor francés, 1765-1833), y dado a conocer en París, en la Academia de Ciencias de Francia el 19 de agosto de 1839. Tanto el aparato utilizado para obtener imágenes por daguerrotipia como cada fotografía obtenida se conocen con el nombre de daguerrotipo. En este procedimiento la imagen se ​forma sobre una superficie de plata pulida como un espejo, aunque para economizar, normalmente las placas eran de cobre plateado, pues solo era necesario disponer de una cara plateada. La imagen revelada estaba formada por partículas microscópicas de aleación de mercurio y plata, y previamente esa misma placa era expuesta a vapores de yodo para que fuera fotosensible. ​Los daguerrotipos son piezas únicas, un daguerrotipo es a la vez negativo y positivo, pudiendo verse de una u otra forma según los ángulos de observación y de incidencia de la luz que recibe. Las imágenes resultantes son frágiles. No se deben tocar fuera de su estuche o caja de protección porque se dañan irreversiblemente. Se deben conservar sin abrir los estuches, pero un daguerrotipo se puede reproducir, como cualquier otro objeto, fotografiándolo nuevamente.

“El fotógrafo alemán Adolfo Alexander fue quien introdujo el daguerrotipo en Chile, y luego de su estadía en Valparaíso y pasar por San Juan, llega a Mendoza en 1855, un año antes del inicio de la gobernación de la provincia por parte de Cornelio Moyano (1856-1859). Aquí instala 4 estudios fotográficos antes del terremoto de 1861 y se vuelve parte de la sociedad mendocina, incluso se casa con la hija de Néstor Lencinas (político mendocino, Gobernador de Mendoza entre 1918 y 1920). Alexander es el autor de LAS joyas fotográficas que los documentalistas más buscamos, se trata de un relevamiento que hizo de la ciudad a pedido de Moyano. Aquí hay una historia muy particular, Alexander hace las fotos con esta técnica cuando podría haber usado otras más económicas y más avanzadas, pero elige hacerlas en este formato tan hermoso, son alrededor de 25 fotografías que hace durante dos años, entre el 1858 y 1860. Según lo que se sabe, él las termina, las entrega y se va de la provincia, se presume que porque su amigo el geólogo también alemán Germán Burmeister (1807-1892), que viene a estudiar a Mendoza los movimientos sísmicos le advierte que Mendoza es una zona con probabilidades que ocurriera un acontecimiento como el que termina ocurriendo en 1861, cuando el terremoto arrasa Mendoza y mueren cerca 12.000 personas. Hoy el tataranieto de Adolfo Alexander, llamado Abel Alexander, preside la Sociedad Iberoamericana de Historia de la Fotografía y, como nosotros, no desiste en su anhelo de que aparezcan en algún hallazgo arqueológico esas preciadas joyas en daguerrotipo”, dicen Andrés Bonafede  y Sergio Sánchez.

Retrato de nuestro ADN Hídrico

El Departamento General de Irrigación atesora un archivo fotográfico que da cuenta sobre cómo en Mendoza el agua fue protagonista de la vida diaria de la provincia y el recurso hídrico está en el ADN de nuestra cultura identitaria. Así, es posible encontrar imágenes desde el curso natural que tenía el río, a como se intentó contener el agua con por ejemplo, la considerada la primera “obra hidráulica” que fueron los “pie de gallo”, esas estructuras artesanales construidas con palos para armar pequeños diques de contención en los cursos de agua. En esa foto en especial, que mostramos en esta nota, se ve como se intentó desde siempre “domar” ese recurso natural, alimento de los cultivos, generador de la energía, insumo esencial para la vida en todas sus formas. También se ve como el desarrollo permitió construir canales majestuosos, como el icónico Cacique Guaymallén o los diques que hoy son puntos de referencia y abastecimiento, para los distintos oasis productivos. Están allí los rostros de distintos protagonistas, al mirarlos como cuando se contempla a Margarita Piacenza, es imposible no preguntarse, cuál habrá sido la dimensión de su aporte, al lado de uno de los hacedores más destacados en la historia del agua en Mendoza, como fue el Ing. Galileo Vitali (1889-1944). La vida de esa mujer que se la ve en el medio de la montaña, con sus pantalones y botas, suponemos es alguien que amó la naturaleza, una mujer fuerte a la par de su compañero, que tanto hizo por dejar establecidos estudios sobre el agua, fundamentales para Mendoza. También, como dijimos al principio es una selección arbitraria las fotos elegidas para este artículo, sucede que el material disponible es absolutamente diverso, bello, impactante, testimonial y solo busca ser un mini muestrario, un “pantallazo” de la Mendoza que somos con su ADN hídrico. 

Sergio TerreraLas fotos históricas de Mendoza que develan nuestro pasado hídrico